Síndrome-down
21 de marzo. Día mundial de las personas con síndrome de Down

Su imagen social no se traducen en plena integración

En diciembre de 2011 La Asamblea General de las Naciones Unidas, designa el 21 de marzo como el día Mundial de las personas con Síndrome de Down en reconocimiento y apoyo a un colectivo singularmente afectado por dificultades de integración socio-laboral.

Desde ODISMET (Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo de la Fundación ONCE), nos unimos a dicho propósito, a fin de generar conciencia pública,  evidenciando los datos que alertan sobre una realidad discriminatoria y marginal.

El Síndrome de Down es una alteración causada por la existencia de material genético extra en el cromosoma 21, que se traduce en discapacidad intelectual.

Los datos no nos permiten hacer un análisis en profundidad de manera pormenorizada para las personas con síndrome de Down, por lo que resulta significativo que la última información contrastada en este sentido data de 2008, cuando Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia (EDAD2008 hablaba de una 34.000 personas.

Por tanto hay que analizar la situación general elevando la observación al conjunto de personas con discapacidad intelectual: 193.500 personas, lo que representa el 10,2% del total del colectivo con discapacidad. Respecto al género, el 59,5% son hombres. El rango de edad predominante es de 25 a 44 años, agrupando al 51,7% del total. Y el 65,5% tienen un grado de discapacidad superior al 65%.

Perfil

Indicadores de Empleo

Desde los indicadores vinculados al empleo, muestran una tasa de actividad del 31,1%, siendo la media de la comunidad con discapacidad del 35,4%. El dato concluye en 133.400 personas con discapacidad intelectual inactivas laboralmente, lo que resulta congruente con los elevados grados de discapacidad que caracterizan al colectivo. La tasa de empleo se posiciona en el 20,2%, más de 5 puntos porcentuales por debajo del conjunto de las personas con discapacidad.

Poniendo el foco en la contratación, el último dato disponible nos informa de 35.416 contratos establecidos con el colectivo objeto en 2018, representando el 10,1% de los contratos celebrados con personas con discapacidad.

Evidenciando la discriminación que afecta al colectivo, los datos referidos a salarios revelan una precarización de las condiciones laborales asociadas a este conjunto poblacional. Su salario medio bruto año, se sitúa en 13.085,5€, mientras que para el total del colectivo de personas con discapacidad, dicho salario asciende hasta 21.079,2€, diferencia significativa, especialmente en tramos retributivos tan bajos.

Desde una óptica asistencial, 87.555 personas con discapacidad intelectual reciben pensiones no contributivas, con un importe medio mensual de 463,8€.

Obviamente, tanto los salarios como las prestaciones son insuficientes para alcanzar una calidad de vida digna, más aún si tenemos en cuenta las diversas enfermedades asociadas que afectan a la salud de esta comunidad.

Por otro lado, llama la atención un vacío poblacional que parece no recibir ningún tipo de atención.

Inactivos (discapacidad intelectual): 133.400 Activos (discapacidad intelectual): 60.100
Reciben prestaciones: 87.555 Ocupados:12.141
No reciben prestaciones: 45.845 Desempleados: 47.959

 

Como podemos observar, del total de inactivos (133.400), exclusivamente 87.555 reciben prestación, lo que nos apunta a 45.845 personas que no cuentan con ingresos y que requieren de forma urgente respuestas por parte de las administraciones. (tasa de actividad Odismet indicador 1.03.A)

La formación de las personas con síndrome de Down como camino hacia la mejora

La formación, como herramienta fundamental para el acceso al mercado de trabajo cobra especial importancia en el caso de la discapacidad intelectual. El 26,1% del colectivo no tiene estudios, situación que influye negativamente en su integración socio-laboral. No obstante, se producen avances en esta materia, el 38,9% ha alcanzado formación secundaria y un 12,8% cursa estudios en el momento actual, superando notablemente al resto de tipologías de discapacidad.

Formación

Se hace preciso trabajar por y para la capacitación de las personas con discapacidad intelectual. Una mayor formación facilitaría la inserción laboral, reduciéndose en consecuencia las elevadas cifras de inactividad. En este sentido, los expertos apuestan por una educación inclusiva e integrada y así es en el 77,6% de los casos de alumnos con discapacidad intelectual con necesidades educativas especiales.

El acceso adecuado a la enseñanza inclusiva es vital para el crecimiento y desarrollo del colectivo. Diversos programas han demostrado su efectividad, evidenciando su valiosa contribución a la sociedad.

ODISMET como fuente de información experta en empleo y discapacidad contribuye a dar voz al colectivo, con el fin último de favorecer la inclusión socio-laboral de las personas con discapacidad intelectual.