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Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Violencia contra la mujer

Hay asuntos que por terribles que resulten toman espacio en primera plana y en ocasiones el proceso que genera dicha notoriedad hace que se retroalimenten, sin embargo, sin una visibilidad completa de los mismos, es claramente improbable que se encuentre el camino hacia la solución. Este es el caso de violencia contra la mujer.

Se trata de una cuestión que el debate político pone sobre la mesa de manera permanente y los medios de comunicación reproducen en la misma línea, pero en este proceso mediático, hay pocos momentos de reflexión y pocas miradas se giran en torno a la víctima, no solo a la mujer agredida en algún caso en particular, sino a la mujer en general y su posicionamiento en la sociedad. 

Si damos un paso más y de lo que hablamos es de mujeres con discapacidad, todo se recrudece, se dificulta, se hace aún más difícil de analizar, no tanto, por no conocer la complicada situación de un colectivo tradicionalmente excluido y ocultado, sino por la sistemática despreocupación de no contabilizar en las estadísticas oficiales los casos que se producen en un segmento poblacional de más de 1.570.000 mujeres. 

Y estamos hablando de mujeres con certificado de discapacidad, es decir, con un reconocimiento oficial de su situación, sin embargo, también habría que sumar miles de mujeres con claras dificultades para el desarrollo básico de las actividades de la vida diaria que no cuentan con dicha valoración o certificación oficial. 

Sí sabemos que las mujeres con discapacidad cuentan con una tasa de actividad de apenas el 33,6%, que su tasa de empleo es de tan solo el 25,2% y que su paro alcanza el 25% cifras que evidencian su clara desigualdad de condiciones en el acceso al empleo tanto en la comparación con los varones con discapacidad como con las mujeres en general.  

Este relato tiene consecuencias, que pasan por la precarización de las condiciones de vida de miles de mujeres con discapacidad, pero se puede ensombrecer aún más si hablamos de mujeres que sufren violencia de genero. Mujeres atrapadas en unas vidas de las que no pueden salir, sin independencia económica y sin posibilidades de salir del entorno que la agrede. 

El correr de los tiempos está haciendo que vivamos en una sociedad mucho más comprometida con la igualdad entre hombres y mujeres, pero aún quedan muchos estereotipos y clichés culturales terriblemente arraigados en los cimientos de nuestra sociedad, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) nos devela en algunas de sus investigaciones el largo camino aún por recorrer. En el estudio “Percepción social de la violencia sexual” vemos como un 68% de la población encuestada está totalmente de acuerdo con afirmaciones como “Si una mujer es acosada sexualmente en el lugar de trabajo, tuvo que haber hecho algo para provocarlo” o un 61,4% consideran que “Las mujeres que esperan semanas o meses para denunciar una situación de acoso sexual en el trabajo, probablemente se la han inventado”. Imaginemos como actuaran las mujeres sabiendo que un porcentaje significativo de la sociedad en la que viven tienen esas consideraciones y por extensión como se “atreverán” a dar el paso de la denuncia, análogamente, no es difícil imaginar, que, si estamos hablando de mujeres con discapacidad sobre las que se suman aún más prejuicios, su paso hacia la denuncia está claramente a más distancia. 

La percepción generalizada sobre el principal motivo de que algunos hombres agredan sexualmente a mujeres, es en primer lugar por los problemas mentales del agresor (21,1%) y en segundo lugar controlar a las mujeres (16,1%) también porque no aceptan un rechazo por parte de una mujer (14,3%). Poca o ninguna alusión a cuestiones educativas, asignación de funciones y roles de género, o aspectos culturales, cuestiones claves si se aspira a cambiar el modelo de sociedad. Sí hay una opinión generalizada (un 61,7%) sobre el hecho de que las agresiones sexuales se denuncian en pocas ocasiones y que las interpuestas raramente son faltas, siendo el miedo al agresor el principal freno al aumento de las denuncias. 

Las estadísticas de violencia de genero elaboradas a partir de la explotación del Registro central para la protección de las víctimas de la violencia doméstica y de género del Ministerio de Justicia generado por el INE, habla de 31.911 mujeres víctimas en 2019, se trata de mujeres con orden de protección o con medidas cautelares, un 47% de ellas son menores de 30 años, incluso hasta un 2,3% son menores de edad.  

Mujeres con discapacidad

¿Y las mujeres con discapacidad?....como se apuntaba anteriormente estas estadísticas oficiales no contemplan esta variable en sus explotaciones por lo que para conocer datos relacionadas con esta cuestión hay que recurrir a estudios y encuestas específicos realizados a tal efecto. Este es el caso de la “Macroencuesta de violencia contra la mujer” del CIS, donde afortunadamente se preguntaba a los encuestados por la disposición de certificado de discapacidad, lo que otorga la posibilidad de tener datos sobre violencia contra la mujer y discapacidad. 

Violencia contra la mujer y discapacidad

En este sentido, un 40,4% de las mujeres con discapacidad declararon haber sufrido algún tipo de violencia (ya sea física, sexual o psicológica, económica, etc.…) de su actual o anterior pareja, lo que representa 8,5 puntos más que las mujeres sin discapacidad. Si nos quedamos solo con la violencia de tipo física o sexual las mujeres con discapacidad también salen peor paradas con un 20,7% de víctimas frente al 13,8% de las mujeres sin discapacidad. 

Resulta también terrible comprobar que el 17,5% de las mujeres con discapacidad que han sufrido violencia de género, aseveran que el origen de su discapacidad se encuentra precisamente en dicha violencia. 

Un aspecto quizás más positivo entre este desolador panorama es que las mujeres con discapacidad parecen que denuncian en mayor medida (30,8% frente al 20,9% entre las mujeres sin discapacidad). 

El origen de la violencia no solo se localiza en las parejas o exparejas, en muchas ocasiones la mujer debe hacer frente a violencia ejercida fuera del seno familiar o de pareja, en este sentido la discapacidad una vez más parece ser otro factor discriminatorio, así las mujeres con discapacidad han sufrido violencia física fuera de la pareja a lo largo de sus vidas en mayor proporción un 17,2% frente al 13,2% de las mujeres sin discapacidad y ocurre lo mismo para el caso de la violencia sexual. 

Ante una situación así, son necesarios programas específicos para mujeres con discapacidad, todas las acciones encaminadas a mejorar la vida de ellas son pocas, de ahí la importancia de la iniciativa de Fundación ONCE e INSERTA Empleo de dar voz y asistencia a mujeres con discapacidad víctimas de violencia de genero. Un importante número de mujeres (actualmente más de 2.200) ya están inscritas en su base de datos y con el arranque de este programa aumentaran sus posibilidades de empleo, elemento clave para una vida emancipada, libre y sin ataduras.